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Reportajes

 

TESTIMONIO DE MARIA MARISTANY (actriz)

En aquellos años, en que mis pies recorrían los claustros de la recientemente inaugurada Facultad de Derecho, mi corazón palpitaba de gozo, sobretodo, en las clases que el inigualable maestro Antonio Cunill Cabanellas dictaba al grupo de Teatro Universitario. Por su boca, supe del nombre de Rosa Rosen, cuando, trabajando en un ejercicio sobre la obra de Visen “La Dama del Mar”, me recomendó ir a verla interpretar “La Salvaje” de Jean Anouhil, que ella representaba en ese momento. Y allí fui. Y me senté en la butaca de un teatro de la calle Santa Fé. Y descubrí una actriz cuya personalidad era diferente a las conocidas actrices de la época. Diferente en qué? En Verdad, Temperamento, Pasión, Entrega, Ternura... A más de sus privilegiados atributos físicos. La verdad de su mirada, su voz...!
Su Voz...! Ese contacto etéreo que fascinaba a quienes desde la platea escuchábamos sus parlamentos...! Y aquel gesto inolvidable de sus manos rescatando del rostro de Ernesto Bianco...una lágrima...una lágrima que entre sus dedos era casi visible...manos de mariposa...voz de lluvia...
Rosita fue, desde ese instante para mi, como un milagro. El milagro de descubrir que aquel entorno era el mío. Que era allí y así donde debía ubicarme.
Y creo que ese es el mensaje de las Grandes. Señalar dónde y cómo se debe “ser”, para “ser” de verdad.
Desde aquel momento seguí su carrera. Apareció “Marta Ferrari” de Carlos Gorostiza, donde nos sorprendió interpretando a una porteña cantora de tangos como nadie hubiese podido hacerlo mejor.
Y vinieron, entre muchas otras, los éxitos de “La Mujer del Domingo”, “El Tema era Las Rosas”, “Viejo Mundo”, “Después de la Fiesta”, donde tuve el placer de trabajar a su lado y descubrir el detrás de la escena de la profesional, que no se permitía una distracción, ni un resfriado, ni una broma en el escenario ni un llegar tarde a un ensayo. Y también conocí a la cálida y generosa compañera de camarín, siempre de buen ánimo, y contagiando su pasión y su respeto por el Teatro.
No puedo pensarla ausente. Y se que ella sabrá de mi emoción al recordarla.
Y se que está, allí...ambulando por algún escenario...y averiguando qué nuevas obras se escribieron en el Gran Teatro del Mundo, para perderse en ella, regocijándose en algún personaje.

 

TESTIMONIO DE TINA HELBA (actriz)

La amistad es un privilegio del que se puede disfrutar con el alma abierta a todo tipo de renunciamiento y desbordando generosidad. Diría que es un don misterioso que toma forma a través de acontecimientos que unen indisolublemente a dos personas o más. Mi amistad con Rosa estuvo desde un primer momento, cuando ambas, muy jóvenes, comenzábamos a transitar el fascinante camino del teatro, signada por señales expresivas poco frecuentes, en los escenarios y fuera de ellos. Desde aquel día que ensayando en el entonces Teatro Smart, “Mujeres” con el elenco de Mecha Ortiz, le dijo al asistente “Yo quiero compartir el camarín con la chica que hace la profesora del gimnasio porque trabaja poco y se va enseguida” Y conociéndonos apenas, aquello de que “se va enseguida” no prosperó y se produjo el “misterio” de una amistad para toda la vida. Su disponibilidad en todo lugar para comprender y ayudar sin atribuir ningún valor a lo que hacía, tomando todo con un gran sentido del humor, la hacían diferente.

Ella decía que éramos iguales y sin modestia, no pretendo desmentirla, ya que de alguna manera era cierto y lo demás corría por cuenta del cariño. Estábamos, no sé por qué, un tiempo sin vernos, cosas del trabajo seguramente, pero cada encuentro nos producía una alegría profunda. Disfruté siempre con sus éxitos y cuando se alejó temporariamente del teatro, se  extrañaba su presencia ya que, si como persona era tan sensata , tan desinteresada, su honestidad profesional corría también por el mismo nivel. Y hasta tuvimos un amigo dilecto en común, Atilio Betti, autor teatral y poeta extraordinario que siempre nos reunía de algún modo con su sabiduría inmensa y al cual lloramos mucho juntas cuando se fue demasiado pronto y para siempre.

Y ella también se fue demasiado pronto para los que la queríamos. “Linda por fuera y por dentro” dije siempre que la mencionaba. Y su partida dejó en mi un sentimiento de pena muy grande, tan grande como cuando se fue Atilio. Las dos coincidimos en ese momento en sentir que “algo ha cambiado en turno nuestro cuando se fue Atilio”. Y lo repito ahora con el mismo sentimiento: algo ha cambiado en mi mundo interior cuando se fue Rosita.

 

TESTIMONIO DE AMELIA BENCE (actriz)

Conocí a Rosa Rosen durante la filmación de “La Fuga”, posteriormente coincidimos en la compañía de Mecha Ortiz en la obra “Mujeres” y ahí aprendí a admirar a una mujer de gran capacidad intelectual y talentosa actriz, la escuchaba entre cajas y me asombraba con que inteligencia decía su texto tan difícil, el señorío con el que se desplazaba en el escenario, su figura estilizada, que mantuvo durante toda su vida, y su voz inconfundible, fue para mí una amiga y una señora de la escena que siempre admiré y respeté. Con el paso de los años ella estrenó “Sólo 80” y el otro protagónico femenino me fue ofrecido a mí, acepté encantada y compartimos una temporada teatral de éxito, serán inolvidables para mí las funciones que realicé a su lado, los gratos momentos junto a ella y su marido, el recuerdo de la querida Rosa Rosen me acompañará por siempre.

 

TESTIMONIO DE ARTURO PUIG (H) (actor)

Siempre el público tiene la fantasía y pregunta si a los actores no se nos confunde la realidad con la ficción, generalmente no pasa eso, pero en mi caso cuando trabajé con Rosa Rosen, con la cual tuve el orgullo de empezar mi carrera como actor y compartir el escenario con ella en dos oportunidades en las obras “La Mujer del Domingo” y “El Tema eran las Rosas” y hacer el papel de hijo en las dos oportunidades, su ternura sus consejos y su amor me hicieron no solamente admirarla como actriz sino también quererla a través de la vida como si fuera mi madre. Mi familia y la de ella estaba ligada no solamente por el afecto sino también por el trabajo, ya que mi padre era el empresario del Teatro Lassalle donde ella realizó grandes e inolvidables trabajos. Al escribir estas líneas resuena en mi memoria su extraordinaria voz, profunda, grave, potente llena de matices su sensibilidad su emotividad convirtiéndola en una nuestras grandes actrices no solamente por su inmenso talento, sino que además tenía la humildad de los grandes, recuerdo que en una oportunidad le hacían un homenaje por su trayectoria en el Teatro Cervantes y yo tenía que presentarla, lo cual hice, ella hizo su aparición desde el fondo del escenario con su caminar erguido, su prestancia su mirada al frente, la rodeaba una luz que le daba un halo muy especial, ella caminó hacia delante se paró frente al micrófono me tomo de la mano y de alguna manera compartió su homenaje conmigo demostrando su grandeza una vez más. JAMAS TE OLVIDARE QUERIDA MADRE, AMIGA Y COMPAÑERA.

 

TESTIMONIO DE ARTURO PUIG (Padre) (Empresario teatral)

Recordar a Rosa Rosen no es sólo provocar un pensamiento sobre su personalidad y su talento.
Recordarla es volver a disfrutar su imagen de mujer deliciosamente femenina, su sonrisa iluminando aquel rostro de joven madona, el brillo de sus ojos, siempre inquietos por abarcarlo todo, por disfrutarlo todo.
Y que decir de su voz inconfundible, venida de su adentro y prestada a sus “Marta Ferrari”, o “La Mujer del Domingo”, o a su “Salvaje”.
Rosita fue y será por siempre la compañera de sueños, en aquel querido Teatro Lasalle. Será por siempre la heroína de epopeyas artísticas, en épocas en que los sueños se concretaban con audacia, talento y ganas de emitir mensajes para seguir creciendo en Arte y Cultura.
Rosita será también la tejedora de afectos en todos quienes la conocimos, hasta llegar a sentirla nuestra. Nuestra como madre, en nacidos proyectos, hermana en esfuerzos compartidos, hija, en cuidados caminos que recorrimos juntos.
Y por último, vaya el gran agradecimiento de mi corazón, por haber abierto el camino de mi hijo hacia una brillante carrera, al elegirlo para interpretar a su lado aquella bella obra “El Tema eran las Rosas”, y que llevaba en su título el símbolo de su nombre, convertido desde entonces en guía de su vocación.

 

Testimonio Lydia Lamaison (actriz)        

Siempre admiré a Rosita como actriz, pero cuando compartimos el escenario del Teatro Cervantes seguí admirándola además como ser humano. Bella, sensible, apasionada, nos unió un mismo amor. El teatro.
Querida amiga estas siempre en mi corazón.

 

Testimonio Buddy Day (empresario teatral)

En uno de mis viajes a Buenos Aires, pues en esa época yo tenia teatro en Santiago de Chile, tuve oportunidad de ver, invitado por mi amigo Armando Discepolo, a Rosa Rosen en “Marta Ferrari” realizando una magnifica composición de la protagonista de la obre de Gorostiza y digo composición porque al felicitarla en el camarín me encontré con una señora diametralmente opuesta a ese personaje, una mujer menuda y frágil que se agrandaba en el escenario gracias a la magia de su arte. Actriz de sutiles matices, capaz de mostrar que el corazón lloraba, en medio de una carcajada. Otras veces ví a Rosita en otras obras por ejemplo en  “La mujer del domingo”, junto a mi esposa Diana, fuimos ambos presos de la emoción que trasmitía, ora sutilmente, ora con vehemencia, siempre calando en lo profundo, patrimonio de los grandes.
Admiré su fidelidad a los grandes autores, a la calidad, sin rendirse nunca a la búsqueda del éxito fácil. Los textos valiosos la hacían feliz.
Tuvimos oportunidad de valorarla como persona de exquisita sensibilidad y sumamente afectuosa; hasta decir que llego a tener diez perros en su quinta, pues no podía soportar ver tanto amor, como puede dar un perro, abandonado por la calle.
Conformó una bella familia con su marido el Dr. Horacio Ferrari y su hijo, ambos abogados, y permítanme recordar aquello de un marido o una esposa pueden ser “alas” o “lápida”
Para su compañero. Puedo afirmar que mi amigo el Dr. Ferrari puso alas al vuelo artístico de su Rosita. Lamento tu partida, te recuerdo erguida en medio de un escenario y mirando yo hacia lo alto…te aplaudo.

 

Testimonio de Roberto Dairiens (Presidente de la casa del teatro)

Rosa fue amiga y compañera, integró la Comisión Directiva y en la Biblioteca de la institución un libro biográfico guarda dedicatoria de su puño y letra como un tesoro: “A la Casa del Teatro con mi eterna fidelidad”, esa era ella, sensible, humana; a lo largo de su carrera dejó la herencia de innumerables piezas interpretadas con maestría y su querida Casa del Teatro le brindó con todo amor el premio Florencio Sánchez a la trayectoria, nunca tan bien merecido.
La evoco en mi memoria con admiración y ternura. Tenía esa majestuosa y mágica presencia de los elegidos del arte; femenina, elegante, talentosa, hermosa por fuera y por dentro.
Pasó por los escenarios y por la vida con la belleza de una flor, dejando en el recuerdo su delicado aroma.

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